14-05-2008

Los jóvenes españoles consumen mucha música, pero no ven necesario comprarla.

Reconocen que descargar o compartir música en redes p2p es una actividad ilegal. Creen que cortar la conexión a Internet es la única medida eficaz contra quienes se bajan música ilegalmente.

Los jóvenes españoles valoran la música como uno de los elementos más importantes de su ocio y tiempo libre, pero sólo unos pocos, “los más fans”, contemplan la necesidad de pagar por las obras de sus músicos predilectos. Los demás sólo sopesan la posibilidad de pagar por asistir a conciertos y se conforman con descargar las canciones a través de las redes p2p, “incluso en el caso de sus artistas favoritos”. Ésta es una de las principales conclusiones del Estudio cualitativo sobre actitudes hacia el uso y consumo de música en España, un informe elaborado por la empresa de estudios sociológicos GFK Emer Ad Hoc Research que busca detectar los hábitos y motivaciones entre los jóvenes consumidores de música, para Promusicae, la patronal de las productoras españolas.

 

La investigación de GFK se ha circunscrito a dos grupos específicos de población, los escolares de 15 a 17 años y los universitarios de 18 a 24. Entre ambos varía el perfil de los grupos preferidos, pero no las actitudes generales en torno al consumo musical. Escuchar música es una prioridad para todos ellos, sólo por detrás de “salir con los amigos”, y por delante de otras siete actividades estelares para el tiempo libre: por orden de preferencia, pasar tiempo en Internet, ver películas, ver o practicar deportes, hablar por el móvil, ir de compras, jugar con videojuegos y ver series de televisión. La lectura como ingrediente para el ocio sólo se mencionó con carácter “residual” por parte de estos jóvenes, según GFK.

 

Piratería musical


Los entrevistados dicen ser plenamente conscientes de que el intercambio de música a través de redes p2p (como Emule, Edonkey, BitTorrent o Ares) es ilegal y “perjudica a los artistas”, puesto que “no se les paga por su trabajo”. Pese a ello, encuentran distintas justificaciones para utilizarlas. En primer lugar, el precio de la música original, que “impide acceder a todo lo deseado”. Y además, la misma existencia de los programas p2p, “que siguen funcionando, son gratuitos y de uso libre”, por lo que los chavales no se consideran los últimos responsables de su utilización.


Para resolver esta anomalía, los consultados admiten  que cortar a los infractores la conexión a Internet, como se está debatiendo en los casos de Francia y Reino Unido, sería la única medida verdaderamente “efectiva” para acabar con las descargas fraudulentas e indiscriminadas.


De hecho, reconocen que actividades como “descargar canciones de eMule” o “compartir la carpeta Mi Música con otros, usando eMule” son del todo ilegales. Pero muchos lo siguen haciendo, mientras sea posible, y su atractivo encaja con otro dato curioso del informe: muchos jóvenes no quieren disponer de más cedés en casa: dicen tener ya suficientes y ni siquiera piden a los amigos copias en CD vírgenes. Prefieren pasarse los archivos directamente al ordenador y de ahí a un reproductor portátil (mp3, iPod). Es decir, los soportes físicos se descartan, incluso cuando son discos completos o recopilaciones tostados por los amigos.


Además de las descargas a través de los programas de intercambio, cada vez se extiende más un fenómeno paralelo mediante los messengers o mensajerías instantáneas. Los chavales conversan en línea con docenas de amigos y, en el transcurso de esas charlas, se intercambian ficheros musicales de canciones que les interesan a los dos.


En lo que se refiere a la piratería física o top manta, los chavales lo consideran ya “algo propio del pasado”, una práctica que “no merece la pena” porque los cedés tostados tienen peor calidad y, sobre todo, se deterioran con mucha rapidez.


Estos resultados se conocen apenas unos días después de la inclusión de España en la Lista 301 estadounidense, una relación oficial de países conflictivos en materia comercial. La aparición en esta lista negra se debe al “incremento crítico de las descargas ilegales a través de la red”. En las próximas semanas, Promusicae presentará una “guía para padres” con información general y consejos prácticos sobre el uso responsable de Internet y las descargas de música en la red.

 

El estudio refleja que muchos jóvenes dicen “compensar” el empleo de estas redes de intercambio asistiendo a los conciertos, que es una manera de “colaborar directamente con el artista”. Nadie repara, en cambio, en los otros profesionales involucrados en una grabación, como productores artísticos, compañías discográficas, técnicos o diseñadores.

 

El consumo de música

 

El gran interés por la música no se traduce en un desembolso relevante. Entre las “marcas” con las que los jóvenes españoles se “identifican” figuran firmas de moda, compañías telefónicas, empresas tecnológicas, tabacaleras, alcoholes o empresas de alimentación, pero ninguna discográfica. Y la adquisición de música se considera un “gasto excepcional” que sólo se contempla “de manera irregular y poco frecuente”. Los cedés se consideran “demasiado caros”, pero la mayoría tampoco se preocupa por buscar las “ofertas” en las tiendas. Así las cosas, la gran mayoría de compras de discos son para hacer regalos por cumpleaños u ocasiones especiales, pero no como un consumo propio y recurrente.


Los investigadores advierten que una minoría, los “fans”, constituye la excepción. Ellos son los que, “por fidelidad”, compran todo el material original de sus favoritos, incluidos los DVD y cualquier rareza de la que puedan tener noticia. Ellos son los que “consideran necesario tener el disco antes de ir al concierto”, porque hay que “saberse las canciones antes”. La segunda tipología, la de “seguidores”, prioriza los conciertos y selecciona mucho más los discos; a menudo los descarga antes y sólo acude a la tienda “si de verdad merece la pena”. El tercer grupo es el de los “desvinculados”, aquellos que se conforman con la descarga a través del p2p y no ven necesidad alguna de acudir al formato original.


Por lo demás, la música se considera más un elemento de identificación social, “una manera de estar en la actualidad”, que una expresión artística en sí misma. Por eso, los jóvenes consultados se informan de las novedades musicales a través de la radio (sus cadenas predilectas son 40 Principales, Kiss FM y Rock & Gol), la televisión (Fly TV, Sol Música, Kiss TV, 40 Latino) o las discotecas, y de ahí “pescan” aquello que más les interesa. No les atrae, en cambio, la idea de “indagar, descubrir por sí mismos”, y por eso la búsqueda de nuevos artistas en tiendas de discos “constituye una opción obsoleta, casi de frikis”, según los resultados de este estudio cualitativo para Promusicae.

 

Música legal en Internet


De los distintos modelos de negocio en torno a la música que han aparecido en línea, el mejor valorado entre los jóvenes españoles es E-Music. Se trata de una suscripción mensual con la que el usuario puede descargarse decenas de canciones con una tarifa ventajosa: 30 descargas por 13 euros o 75 descargas por 21 euros. Otra página muy valorada es la de Pandora, una radio virtual en la que el oyente elige un artista de su gusto y el programa va seleccionando otros similares. En la actualidad, sin embargo, esta página sólo se puede utilizar desde Estados Unidos.

 

El modelo iTunes queda en tercera posición. Se identifica con el concepto de “calidad”, aunque gusta menos el precio (99 céntimos por canción) y el hecho de que esté restringido para los usuarios de iPod. Los chavales echan en falta la interoperabilidad; es decir, “ya que lo compras, que se pueda convertir fácilmente”.

 

 

Música a través del móvil

 

En cambio, las opciones de las diferentes compañías telefónicas cada vez suscitan más recelo, porque la música sólo se puede consumir desde el móvil y termina resultando muy cara. El rechazo es aún más frontal en el caso de las operadoras que ofrecen tarifas planas, puesto que las canciones sólo permanecen en el terminal telefónico mientras se mantiene la suscripción mensual al servicio.


En términos generales, los chavales perciben que comprar música a través del teléfono supone el envío de varios sms costosos, y todo ello para que las canciones así descargadas no se puedan trasladar a otros dispositivos, como el iPod o el disco duro del ordenador.


“La reacción general es de desengaño”, alerta el informe, “y de ahí a la indignación o el enfado”. Quienes han utilizado estas descargas no suelen repetir, ya que se lamentan de problemas como que las canciones  no sean originales, que se ofrezcan fragmentos en lugar del tema completo y que el precio del servicio resulte muy elevado.
En cambio, la población consultada sí demostró un amplio conocimiento sobre las posibilidades técnicas de los móviles más avanzados. Por ejemplo, muchos utilizan el bluetooth de forma cotidiana para poder pasarse la música al teléfono.

 

Comparativa internacional

 

De forma simultánea al informe español, las patronales fonográficas han realizado estudios cualitativos semejantes en otros mercados clave de nuestro entorno occidental: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Holanda y Suecia. Muchas de las características son compartidas en unos y otros mercados, pero España sale casi siempre mal parada en las diferentes comparaciones:

 

- Los jóvenes internautas de todos los países analizados son conscientes, en mayor o menor grado, de la ilegalidad de los p2p. Los franceses parecen los europeos más concienciados sobre el problema, seguramente a raíz de las manifestaciones al respecto del presidente Sarzoky. Y los estadounidenses admiten que las demandas presentadas contra particulares en aquel país “constituyen un elemento disuasorio”. En España, la sensación mayoritaria es de impunidad. “Internet es una llave abierta para conseguir música y películas”, respondieron los entrevistados españoles.

 

- España es, junto a Reino Unido, Italia y Alemania, el país donde el bluetooth goza de más popularidad a la hora de intercambiar música “de forma sencilla y sin cables”. También el intercambio de archivos a través del Messenger se agrava. Estos hábitos se encuentran poco extendidos, en cambio, en Estados Unidos u Holanda.

 

- El país donde los entrevistados se muestran, dentro de lo que cabe, más respetuosos con los derechos de los intérpretes es Alemania. Allí la tasa de utilización de redes p2p es sensiblemente menor y los usuarios siguen prefiriendo las copias domésticas, en CD-R, para compartir música con amigos.

 

- Algunos estudiantes europeos, sobre todo en el segmento universitario, aún valoran y agradecen las ventajas del CD original frente a los archivos digitales. Este sector menciona la calidad de sonido, su carácter “tangible” y la longevidad del formato (frente al peligro de que la carpeta de música resulte dañada en el ordenador). En España, “las tiendas de discos son cosa de frikis”.

 

-  La pérdida de “lealtad” hacia los artistas es una circunstancia muy extendida: los gustos son fragmentarios, los grupos “favoritos” cambian con frecuencia y el consumo está más orientado hacia canciones concretas o estilos musicales que a nombres propios. La mayor excepción en este capítulo la encontramos en Italia, donde existen más clubes de fans que en ningún otro país y los artistas locales gozan de amplísimo predicamento, por la importancia que los italianos dan a entender las letras de las canciones.

 

-  El servicio de descargas musicales legales con más partidarios es eMusic salvo en el caso del Reino Unido, donde aún no se ha popularizado entre los internautas. En el resto de países lo alaban como el más barato en términos relativos y el más versátil, ya que sus archivos funcionan en todos los reproductores. En su contra juega que el catálogo de música disponible proviene sólo de discográficas independientes.

 

-  iTunes también recibe críticas por las limitaciones de su catálogo, sobre todo desde Estados Unidos y Reino Unido. Allí se destacan las limitaciones en géneros como jazz o músicas étnicas, así como la poca disponibilidad de grupos nuevos y emergentes. La percepción es que la tienda de Apple “se centra en los artistas de las listas de éxitos”.


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